
3° parte
Paula, había tenido una vida difícil. A pesar de ser hija única vivió una vida sin amor fraternal, no porque no la quisieran sino que sus padres no sabían como demostrarlo.
Su madre Felisa era una mujer extremadamente rígida en todo sentido, la casa demasiado limpia siempre, la comida sosa servida siempre a la misma hora en platos impecables que al terminar el ultimo bocado eran retirados de la mesa para ser inmediatamente lavados y vueltos a acomodar en su sitio.
Una madre demasiado atareada limpiando y acomodando como para detenerse para jugar, cantar o distraerse con una niña rezongona y molesta.
Su padre cansado de tanta rigidez y tanto orden estaba lo menos posible en la casa. Si bien amaba a Paula, no sabia como hacer para demostrarle el afecto que por ella sentía. Lo hacia defendiéndola siempre, consintiéndola en todo, pero sin ponerle los limites necesarios a una niña demasiado rebelde. Toda esta tensión interior hizo que enfermera gravemente y falleciera a temprana edad. Allí fue donde Paula, siempre rebelde, se revelo aun mas contra Felisa. Ella sentía que su madre era la responsable de la muerte de su padre, ella y su rigidez de hábitos.
Paula no recordaba haber visto a sus padres jamás en una situación cariñosa, siempre los vio tratándose con desdén, viviendo juntos como por obligación, llego a preguntarse si ella era la responsable de tanta frialdad. ¿Su madre la odiaría por celos?
Al encontrarse solas, sin nadie en quien apoyarse se desato una guerra fría entre ellas.
Convivían porque ninguna tenia donde ir.
Paula comenzó a desafiar la autoridad de su madre auto mutilándose con piercings y tatuajes cada vez mas extensos y dolorosos.
De alguna manera al sentir el dolor en su cuerpo de las agujas inoculándole la tinta en la piel, sentía que era castigada por el mal que había hecho, un mal inexistente, al sentirse culpable por no ser lo suficientemente limpia, ni ordenada, ni delicada, ni estudiosa como había sido su madre. A quien amaba y odiaba al mismo tiempo, porque aun con su rigidez era una buena persona, se esforzaba por atender a quien fuera.
Paula descubrió con los años que su madre no sabia dar afecto de otra manera mas que manteniendo todo limpio y ordenado. Era su forma de demostrarlo.
Le incomodaban las caricias y las demostraciones cariñosas. Prefería mantener siempre las distancias y si tocaba la mano de alguien apresuradamente salía a lavarse y a desinfectarse. Todo debía estar impecable siempre.
Fue en una tarde luego de escuchar las reprimendas de Felisa porque había dejado su habitación desordenada, cuando Paula salió del “quirófano” como llamaba a su casa bromeando con sus amigos.
Mientras caminaba pensaba. Cuando podre irme de aquí? Si en este maldito trabajo me pagaran lo suficiente como para conseguir un alquiler.
Tal vez aceptara la propuesta de Esteban, de irse a vivir con él, que aunque no le gustaba era un buen chico, demasiado bueno para su gusto, la aburria soberanamente, pero por lo menos tenia un buen trabajo y había podido comprarse la casa en la que vivía, lo haría con tal de liberarse de Felisa, no soportaba ya tanto orden, lo peor del caso era que sentía que se estaba contagiando esa forma de actuar y para colmo se parecía cada vez mas a su madre físicamente, por eso los piercings y tatuajes, para que los demás no advirtieran ese parecido que ella si podía ver.
Iba inmersa en sus pensamientos cuando sintió un repentino tirón y se encontró en ese salón tan extraño, con gente que le resultaba familiar pero que a la vez sabia que no conocía.
¿Qué era esto? Acaso había sufrido un accidente y había muerto?, como era posible estar saliendo de su casa y de repente hallarse allí?
Instintivamente se miro las manos y los pies, palpo con sus manos su cuerpo, pero no, todo seguía estando en su lugar, y entonces?
Porque le resultaban tan familiares esos desconocidos? Quienes eran todos ellos?
Pronto, cuando todos estuviesen lo sabría, o mejor dicho lo recordaría….


