jueves, 10 de febrero de 2011


3° parte

Paula, había tenido una vida difícil. A pesar de ser hija única vivió una vida sin amor fraternal, no porque no la quisieran sino que sus padres no sabían como demostrarlo.

Su madre Felisa era una mujer extremadamente rígida en todo sentido, la casa demasiado limpia siempre, la comida sosa servida siempre a la misma hora en platos impecables que al terminar el ultimo bocado eran retirados de la mesa para ser inmediatamente lavados y vueltos a acomodar en su sitio.

Una madre demasiado atareada limpiando y acomodando como para detenerse para jugar, cantar o distraerse con una niña rezongona y molesta.

Su padre cansado de tanta rigidez y tanto orden estaba lo menos posible en la casa. Si bien amaba a Paula, no sabia como hacer para demostrarle el afecto que por ella sentía. Lo hacia defendiéndola siempre, consintiéndola en todo, pero sin ponerle los limites necesarios a una niña demasiado rebelde. Toda esta tensión interior hizo que enfermera gravemente y falleciera a temprana edad. Allí fue donde Paula, siempre rebelde, se revelo aun mas contra Felisa. Ella sentía que su madre era la responsable de la muerte de su padre, ella y su rigidez de hábitos.

Paula no recordaba haber visto a sus padres jamás en una situación cariñosa, siempre los vio tratándose con desdén, viviendo juntos como por obligación, llego a preguntarse si ella era la responsable de tanta frialdad. ¿Su madre la odiaría por celos?

Al encontrarse solas, sin nadie en quien apoyarse se desato una guerra fría entre ellas.

Convivían porque ninguna tenia donde ir.

Paula comenzó a desafiar la autoridad de su madre auto mutilándose con piercings y tatuajes cada vez mas extensos y dolorosos.

De alguna manera al sentir el dolor en su cuerpo de las agujas inoculándole la tinta en la piel, sentía que era castigada por el mal que había hecho, un mal inexistente, al sentirse culpable por no ser lo suficientemente limpia, ni ordenada, ni delicada, ni estudiosa como había sido su madre. A quien amaba y odiaba al mismo tiempo, porque aun con su rigidez era una buena persona, se esforzaba por atender a quien fuera.

Paula descubrió con los años que su madre no sabia dar afecto de otra manera mas que manteniendo todo limpio y ordenado. Era su forma de demostrarlo.

Le incomodaban las caricias y las demostraciones cariñosas. Prefería mantener siempre las distancias y si tocaba la mano de alguien apresuradamente salía a lavarse y a desinfectarse. Todo debía estar impecable siempre.

Fue en una tarde luego de escuchar las reprimendas de Felisa porque había dejado su habitación desordenada, cuando Paula salió del “quirófano” como llamaba a su casa bromeando con sus amigos.

Mientras caminaba pensaba. Cuando podre irme de aquí? Si en este maldito trabajo me pagaran lo suficiente como para conseguir un alquiler.

Tal vez aceptara la propuesta de Esteban, de irse a vivir con él, que aunque no le gustaba era un buen chico, demasiado bueno para su gusto, la aburria soberanamente, pero por lo menos tenia un buen trabajo y había podido comprarse la casa en la que vivía, lo haría con tal de liberarse de Felisa, no soportaba ya tanto orden, lo peor del caso era que sentía que se estaba contagiando esa forma de actuar y para colmo se parecía cada vez mas a su madre físicamente, por eso los piercings y tatuajes, para que los demás no advirtieran ese parecido que ella si podía ver.

Iba inmersa en sus pensamientos cuando sintió un repentino tirón y se encontró en ese salón tan extraño, con gente que le resultaba familiar pero que a la vez sabia que no conocía.

¿Qué era esto? Acaso había sufrido un accidente y había muerto?, como era posible estar saliendo de su casa y de repente hallarse allí?

Instintivamente se miro las manos y los pies, palpo con sus manos su cuerpo, pero no, todo seguía estando en su lugar, y entonces?

Porque le resultaban tan familiares esos desconocidos? Quienes eran todos ellos?

Pronto, cuando todos estuviesen lo sabría, o mejor dicho lo recordaría….

viernes, 4 de febrero de 2011





2° parte

Me fui acercando a la fuente del ruido que parecía salir de todos lados, me pareció ver un destello de luz y hacia allí me encamine, siempre manteniendo la calma, cuando me tensionaba volvía a quedar inmóvil y tenia que hacer un esfuerzo por relajar no solo mi cuerpo sino también mi mente para poder continuar.

A mi paso el paisaje era totalmente diferente del que había visto solo unos minutos atrás, estaba todo mas desolado. Como si en el lugar no hubiese mas vida que la mía.

A medida que avanzaba, la luz se hacia mas fuerte, no salía de ningún lugar en particular, solo estaba allí, me acerque mas y mas y deje de estar en el lugar donde antes me encontraba para aparecer en algo como una habitación inmensa, donde todo era luz, no era cegadora, era como flotar, como encontrarse en una esfera de luz. Con curiosidad quise ver donde empezaba y donde terminaba eso, ya no temía.

Al tener que tomarme el trabajo consciente de relajar mi cuerpo y mi mente para poder moverme, había logrado un estado de total equilibrio conmigo misma que me hacia sentir plena de energía.

Alguien me llamo por mi nombre, pero no era una voz que escuchara con mis oídos, se conectaba a mi a través de mis pensamientos.

Me resultaba familiar, sonaba como la voz de mi conciencia, la que me avisaba de los peligros, cuando estaba actuando bien o mal, o cuando lo que estaba cocinando ya estaba listo, ni un minuto antes ni un minuto después.

Caminaba guiada por mi intuición por llamar a esa voz de alguna manera.

Al llegar a un lugar mas amplio me encontré con varias personas mas, de distintas edades.

Una jovencita en especial llamo mi atención, se la veía mas desorientada que al resto, tenia su cara llena de piercings y en su cuerpo se podían ver algunos tatuajes, llevaba puesto un jean que en algún momento habría sido negro y ahora lucia un gris arratonado, zapatillas en el mismo estado y una blusa brillante y chillona que desentonaba increíblemente con la quietud del lugar. Mechones rubios se mezclaban en su cabeza con las partes oscuras de su cabello natural, ojos muy vivaces enmarcados con delineador negro y un lunar artificial sobre el labio en la parte izquierda. Cuando nuestras miradas se cruzaron fue como si nos conociéramos de antes, pero de donde?

Una anciana que parecía haberse perdido al regresar del mercado. Traía puesto un vestido floreado, zapatos de tacón bajo y cómodo, se veía el borde de las medias, seguramente de ligas que se le enroscaban mal en las piernas rollizas. Su cabello corto de un rubio desvaído, con unos aros de oro anticuados.

Se había esmerado en su aseo, empolvándose exageradamente la cara, usando un labial rojo y dibujando con un lápiz sus ya inexistentes cejas. Traía en su rostro una expresión de sorpresa mal disimulada, en realidad todos estábamos sorprendidos y expectantes.

Un hombre de unos cuarenta y pico de años con una camisa de mangas cortas, color amarillo muy suave, jeans y zapatillas, aun con un periódico debajo del brazo. Al mirarlo mas detenidamente pude ver que parecía un diario del domingo. Hoy no es viernes? Pensé…

Un chico de unos veinte años, ojos claros, cabello lacio tirando a rubio, vestido muy formal, los jeans muy limpios y planchados, un polo con el cuello prolijamente estirado, zapatillas color camell con cordones al tono.

En cada cara se observaba la misma expresión de desconcierto.


Continuará....

jueves, 3 de febrero de 2011




Caminaba, abstraída en mis pensamientos, sin reparar en que ya atardecía.
Entre las copas de los arboles un pájaro se esmeraba en la construcción de su nido con algo suavecito que había encontrado por allí.

La brisa fresca comenzaba a traer alivio después de un de sofocante calor, caminar así, sin rumbo, sin apuro es algo fascinante para mi.

En mi cabeza rondaba la charla mantenida el día anterior con el.
Cuando decidí que ya no valía la pena seguir rumiando esa bronca, sentí como si algo en mi corazón se liberara.

Levante la mirada y entre los arboles se veía el rojo que tiñe el cielo al atardecer, algunas nubes perdidas aqui y allá hicieron que me deslumbrara ante tanta belleza.

Seguía caminando cuando en un momento sentí la necesidad de mirar hacia atrás, porque? no se, solo una intuición, como si algo o alguien me estuviese avisando sobre un inminente peligro. Se me erizaron los pelos de la nuca, tanta calma y paz como había sentido hasta ese momento se esfumaron en ese segundo. Mis músculos se prepararon para la acción, mis pupilas trataban de ver y me esforzaba por escuchar de donde venia aquel zumbido, era un sonido extraño, ni motor, ni humano, ni animal.

Todo se oscureció como si un techo repentinamente hubiese aparecido... silencio, la completa quietud. Podía escuchar mis propios latidos y el ruido de mi torrente sanguíneo. Quise moverme, pero estaba como atrapada en un masa informe que me mantenía totalmente inmóvil, luche con todas mis fuerzas para correr pero fue en vano, no podía mover ni un solo musculo. Cuando deje de luchar, fue como si la presión fuese disminuyendo, entonces me relajé. De a poco pude mover mis manos, mis piernas y acercarme a la fuente de donde provenía el zumbido que había escuchado en un principio.

No estaba preparada para lo que me estaba esperando allí....