
2° parte
Me fui acercando a la fuente del ruido que parecía salir de todos lados, me pareció ver un destello de luz y hacia allí me encamine, siempre manteniendo la calma, cuando me tensionaba volvía a quedar inmóvil y tenia que hacer un esfuerzo por relajar no solo mi cuerpo sino también mi mente para poder continuar.
A mi paso el paisaje era totalmente diferente del que había visto solo unos minutos atrás, estaba todo mas desolado. Como si en el lugar no hubiese mas vida que la mía.
A medida que avanzaba, la luz se hacia mas fuerte, no salía de ningún lugar en particular, solo estaba allí, me acerque mas y mas y deje de estar en el lugar donde antes me encontraba para aparecer en algo como una habitación inmensa, donde todo era luz, no era cegadora, era como flotar, como encontrarse en una esfera de luz. Con curiosidad quise ver donde empezaba y donde terminaba eso, ya no temía.
Al tener que tomarme el trabajo consciente de relajar mi cuerpo y mi mente para poder moverme, había logrado un estado de total equilibrio conmigo misma que me hacia sentir plena de energía.
Alguien me llamo por mi nombre, pero no era una voz que escuchara con mis oídos, se conectaba a mi a través de mis pensamientos.
Me resultaba familiar, sonaba como la voz de mi conciencia, la que me avisaba de los peligros, cuando estaba actuando bien o mal, o cuando lo que estaba cocinando ya estaba listo, ni un minuto antes ni un minuto después.
Caminaba guiada por mi intuición por llamar a esa voz de alguna manera.
Al llegar a un lugar mas amplio me encontré con varias personas mas, de distintas edades.
Una jovencita en especial llamo mi atención, se la veía mas desorientada que al resto, tenia su cara llena de piercings y en su cuerpo se podían ver algunos tatuajes, llevaba puesto un jean que en algún momento habría sido negro y ahora lucia un gris arratonado, zapatillas en el mismo estado y una blusa brillante y chillona que desentonaba increíblemente con la quietud del lugar. Mechones rubios se mezclaban en su cabeza con las partes oscuras de su cabello natural, ojos muy vivaces enmarcados con delineador negro y un lunar artificial sobre el labio en la parte izquierda. Cuando nuestras miradas se cruzaron fue como si nos conociéramos de antes, pero de donde?
Una anciana que parecía haberse perdido al regresar del mercado. Traía puesto un vestido floreado, zapatos de tacón bajo y cómodo, se veía el borde de las medias, seguramente de ligas que se le enroscaban mal en las piernas rollizas. Su cabello corto de un rubio desvaído, con unos aros de oro anticuados.
Se había esmerado en su aseo, empolvándose exageradamente la cara, usando un labial rojo y dibujando con un lápiz sus ya inexistentes cejas. Traía en su rostro una expresión de sorpresa mal disimulada, en realidad todos estábamos sorprendidos y expectantes.
Un hombre de unos cuarenta y pico de años con una camisa de mangas cortas, color amarillo muy suave, jeans y zapatillas, aun con un periódico debajo del brazo. Al mirarlo mas detenidamente pude ver que parecía un diario del domingo. Hoy no es viernes? Pensé…
Un chico de unos veinte años, ojos claros, cabello lacio tirando a rubio, vestido muy formal, los jeans muy limpios y planchados, un polo con el cuello prolijamente estirado, zapatillas color camell con cordones al tono.
En cada cara se observaba la misma expresión de desconcierto.
Continuará....

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